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Las 6, 7, 8… de la tarde, ¡la hora de la caída libre!

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Yo, por las mañanas no tengo ningún problema. Aguanto de maravilla hasta las 6 de la tarde. Y, a partir de ahí… ¡en caída libre!

O también:

Mis esfuerzos del día «dinamitados» a las 8 de la tarde, ¡en una décima de segundo!

Hay quien lo expresa de una manera un poco más drástica, aunque con humor:

A partir de las 7 de la tarde me deberían meter en la cárcel o encerrar en algún sitio, o atarme de pies y manos y amordazarme, o algo…

¡Vaya con las 6, 7, 8… de la tarde!

Y, seguido, vienen la sensación de desasosiego y de culpa. Y, que no falten el remordimiento y el consiguiente castigo, para el día siguiente, de «compensar». ¡Como si ese remordimiento arreglara algo!

Y es que a esas horas se junta el «trío crítico»:

  • el hambre: la última comida ya en los pies…
  • el cansancio: sin parar desde par de mañana…
  • el hartazgo del día: tanta tarea de la que ocuparse…

Vamos a ver cómo podemos darle la vuelta a esta «caída libre».

Darle la vuelta a la caída libre: las claves

Aquí tienes 2 claves que te ayudarán:

1. No «compenses»

Aunque te parezca raro o contraintuitivo, no compenses, no le dés bola a tu remordimiento.

Esa desazón te lleva a no cenar o casi y a comer muy poco en la primera parte del día siguiente, que, total como estás ocupada con el trabajo o las clases, te resulta bastante fácil. Pero van a volver a ser las 6 de la tarde otra vez y estamos en las mismas.

Para romper ese círculo vicioso, empieza por desayunar y comer bien, nada de 1 café bebido y solo un puré para comer. Que si no le damos al cuerpo lo que necesita, cuando lo necesita, luego lo pide con creces.

Así que, no compenses y come bien.

2. Merienda

O más bien, «permítete» merendar. Sí, aunque te suene a infantil.

¿Por qué? Porque a esa hora del día, ya queda lejos la hora de la comida y aparece la sensación de hambre, la de verdad, la fisiológica, no solo la apetencia por algo que está rico (hambre hedónica se llama esta). Que el hambre no es otra cosa que la señal que te manda tu cuerpo de que, «oye, que ya necesito más suministro de material».

Que, por intentar seguir comiendo poco, empieza ese picoteo traidor.

Así que, merienda. Dedícate 5 minutos a merendar.

El hecho de que sepas que vas a comer algo, digamos estructurado, y saber que luego vendrá la cena a su debido tiempo, es una gran ayuda, «¡qué liberador resulta!». Que así llegas bien a la hora de la cena. 

Conclusión

Para romper ese círculo vicioso y evitar dinamitar tus esfuerzos en un segundo, la caída libre o que te tengan que atar de manos y pies, olvídate de compensar y tómate una merienda.

Cada comida a su debido tiempo.

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