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Buffets de hotel

buffet

Para algunos las verdaderas vacaciones pasan por no tener que ocuparse de la intendencia del día a día. Ni hacer la cama, ni pasar la aspiradora, ni quitar los polvos y sobre todo ni hacer los recados, ni cocinar, ni recoger la cocina…Y por eso se van de crucero o a un hotel. Dada la gran variedad de clientela, con el buffet se ofrece a los clientes la posibilidad de poder elegir la comida según sus gustos y preferencias.
Ya sabéis, cuanto más a gusto esté el cliente durante su estancia, más fácil será que repita, vuelva, o lo recomiende a sus amigos. Pero tener todo tipo de manjares a su disposición puede suponer el riesgo de comer de más.

  • Los hay para quien el buffet es su «Port Aventura» particular. Están todo el año con la ilusión de que van a comer todo lo que les apetezca, de que no se van a privar de nada. Total, da igual que luego se encuentren tan llenos que casi no se puedan ni mover, porque las hamacas les están esperando junto a la piscina. No es que no les importe engordar pero asumen que lo harán, y que a la vuelta tendrán que esforzarse pera perder el peso cogido. Y hay quien se lo toma con cierto humor diciendo que ¡el agua del sitio de las vacaciones encoge la ropa!
  • Otros también comen de más pero no lo disfrutan tantísimo. Se privan de comer todo lo que les gustaría, pero aun y todo comen de más y también engordan (estos no se lo toman con tanto humor como los anteriores).
  • Para otros, da igual la cantidad y variedad de comida que tengan al alcance, nunca comen de más, son muy metódicos. Ya puede haber tres variedades distintas de arroz, que hoy comerán solo una, y otro día ya probarán otra.
  • Los que tras la experiencia de años anteriores han decidido que no les compensa engordar y han puesto en práctica una serie de «truquitos» que les ayudan a no sobrepasarse: escogen una mesa lo más alejada posible del buffet, cogen un plato y procuran no levantarte a por más, por muy rico que esté (tienen más días por delante), se marcan un tiempo límite (saben que cuanto más tiempo estén más probabilidades tienen de comer de más), procuran estar junto con los comensales en la mesa a la vez (para disfrutar también de la compañía), hacen como si estuvieran en casa un día normal (primer, segundo plato y fruta o yogur de postre), ni se les ocurre acercarse al rincón de las tartas para evitar la tentación. Todo esto para no llevarse el sofocón de que la ropa les queda más justa a la vuelta.

Para quien se pregunta, ¿pero se pueden coger 2 kilos en una semana? ¿Dos? Por poder…y tres y cuatro, depende de lo que comas y de lo que bebas.

Y es que además del desayuno también están la comida y la cena. Y, ojalá que no, pero si de repente mañana es el fin del mundo, pues hala, a lo grande… cada cual que disfrute de su aventura gastronómica particular.

También podéis leer el artículo: Vacaciones: ¡Que no cunda el pánico! pinchando aquí

7 comentarios
  1. Leire
    Leire Dice:

    Yo soy de las metódicas. Sí me suelo permitir un lujito, una excepción, por ejemplo comer postres calóricos de los que me vuelven loca, o simplemente comer un poco más por el mero placer de hacerlo (aunque luego lo quemo todo en la playa y caminando por el pueblo donde esté), pero creo que hay dos actitudes: una es la del que se permite una excepción porque el resto del año es muy metódico y sigue una dieta sana y equilibrada; y la otra, la de la persona que se pone morada cada vez porque toda esa comida va en el precio y paga igual si come diez que si come cien.

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